Rabat es la capital, pero casi nadie la pone en lo alto de la lista — y es justo por eso
que nos gusta. Después del bullicio de Marrakech y del laberinto de Fez, llegar a Rabat
es como abrir la ventana: avenidas anchas, jardines, la brisa del Atlántico y un ritmo
que deja respirar.
Nuestro rincón favorito es la kasbah de los Oudaias, pintada de azul y blanco, asomada a
la desembocadura del río. Las calles de allí recuerdan a Chefchaouen, pero sin
multitudes. Bajando, hay un jardín andaluz y un café con vistas al mar donde siempre
paramos a tomar un té.
Rabat encaja bien al final de una ruta por las ciudades imperiales o como parada entre
Fez y Casablanca. ¿Quieres que encajemos la capital en tu viaje? Solo dilo — montamos el
camino.